viernes, 4 de enero de 2013

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA BENITO JUAREZ DE OAXACA

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES SOCIOLÓGICAS

LIC.CIENCIAS SOCIALES Y ESTUDIOS POLÍTICOS

MATERTIA: TICS

CATEDRATICO: DR.LAURA GAYTAN

TRABAJO: urbanización y DEGRADACION AMBIENTAL

ALUMNA: MAYRA ANALI RODRIGUEZ GARCIA

GRUPO: 301

FECHA: 04 DE ENERO DEL 2013







La degradación de los recursos forestales en México
México es uno de los países con más re­cursos forestales a nivel mundial. Sus bosques, selvas y otras áreas con vegetación natural ocupan aproximadamente 74 por ciento del territorio nacional (1 millón 461 mil kilómetros cuadrados). De éstos, 700 mil corresponden a bosques y selvas, 575 mil a matorrales y 186 mil a otros tipos de vegetación.
Los ecosistemas forestales son de importancia estratégica debido a la gran diversidad de especies que albergan; así como por los servicios ambientales que ofrecen (la estabilización de los suelos y su potencial de captura de carbono, la regulación del ciclo hídrico y el clima, etcétera).
En nuestro país los bosques de pino y encino son ecosistemas más ricos en especies que los de su contraparte en Europa y Norteamérica. Por ejemplo, en nuestros bosques hay alrededor de 50 especies de pinos (muchas de ellas maderables), que representan el 50 por ciento del total a nivel mundial, y 170 especies de encinos, que también representan más del 50 por ciento del total a escala mundial.

Se ha sugerido que este ecosistema podría haber cubierto cerca del 20 por ciento del territorio nacional (384 mil 509 kilómetros cuadrados), del cual alrededor del 5 por ciento es ocupado por bosques de encinos, 14 por ciento por bosques de pino-encino y 1 por ciento por otras coníferas. Sin embargo, históricamente los bosques de pino y encino han sufrido una rápida disminución en extensión y número de especies. Debido a esto, actualmente, la superficie cubierta por bosques de encinos, bosques mixtos y bosques de pino en el país alcanza sólo alrededor del 17 por ciento del territorio, y tienen una tasa de deforestación anual promedio mayor de 0.5 por ciento.
Respecto a los ecosistemas tropicales, el 25 por cien­to del territorio nacional son selvas húmedas y secas. Las selvas húmedas son las más productivas y diversas de México: ocupan el 11 por ciento del territorio (entre 200 mil y 220 mil kilómetros cuadrados). Sin embargo, se considera que actualmente sólo queda el 10 por ciento de su distribución original (20 mil kilómetros cuadrados), debido a la extracción de maderas preciosas (como la caoba) y la destrucción de hábitat para dar lugar a la introducción de las actividades agropecuarias.
Por otro lado, la cobertura potencial de la selva baja caducifolia en México es aproximadamente del 14 por ciento de la superficie del país (276 mil 166 kilómetros cuadrados), lo que la convierte en el más extenso de los ecosistemas forestales tropicales. Sin embargo, este tipo de vegetación es de los más deforestados; por ejemplo, se ha documentado que se pierden 650 mil hectáreas de estas selvas por año; específicamente, desde el comienzo de los ochenta se pierde alrededor del 2 por ciento anual.
A pesar de la importancia ecológica y económica de los ecosistemas forestales, no existe un sistema de monitoreo de los cambios de uso de suelo, sus causas, explicación y predicción. No obstante que existen escasos estudios sobre las tasas de deforestación de los principales ecosistemas forestales a nivel nacional, diversas fuentes reconocen que estas tasas no han sido constantes ni homogéneas en el espacio ni en el tiempo, como consecuencia de la heterogeneidad espacial de las características físicas, políticas, sociales, culturales y climáticas. Debido a lo anterior, es indispensable realizar estudios de las causas, consecuencias y variación espacial y temporal de la deforestación, así como de los cambios de uso del suelo en el país, que nos permitan una mejor planeación para conservar, restaurar y manejar nuestros diversos y abundantes recursos forestales.


El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que bajó la disponibilidad de agua por persona en México, sobre todo en la zona centro-norte, mientras que aumentó la generación de basura por habitante y se registra una dramática devastación de los recursos naturales en todo el país.
  
Señaló que en menos de 60 años la disponibilidad natural media de agua per cápita en el país ha disminuido 241 metros cúbicos en promedio anual, al pasar de 18 mil 53 metros cúbicos por habitante al año en 1950 a tan sólo cuatro mil 312 metros cúbicos en 2007. 
  
La escasez de agua, aumenta día a día
En un comunicado, expuso que dos terceras partes de la población viven en el centro-norte del país con una disponibilidad natural media per cápita de agua menor a dos mil metros cúbicos por habitante al año, considerada como baja disponibilidad. 

En tanto, en sólo dos años la generación de basura por habitante aumentó en 31 kilogramos promedio anual, al pasar de 357 kilogramos per cápita en 2004 a 388 kilogramos en 2006, añadió el organismo. 
  
La generación de basura, una de las acciones depredadoras de los seres humanos
Recordó que el 5 de junio de 1972, con motivo de la Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre Medio Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia, se estableció el Día Mundial del Medio Ambiente.   
Ello, para hacer patente la necesidad de que los gobiernos y pueblos del mundo tomen conciencia y realicen acciones conjuntas para enfrentar y reorientar las causas que están deteriorando y agotando los recursos naturales y ambientales en muchas regiones del planeta. 
  
Indicó que en el periodo 2003 a 2006, la tasa media anual de pérdida de suelo en México fue de 0.3 por ciento y el 38 por ciento del territorio se encuentra afectado por algún tipo de degradación ambiental.   
Expuso que la contaminación del suelo por residuos sólidos municipales registra una tasa de crecimiento media anual de 3.7 por ciento, principalmente a causa del incremento en la generación de basura por habitante. 
  
La degradación del suelo, afecta a todo el país
En materia de biodiversidad, México es uno de los cinco países, además de Brasil, Colombia, Indonesia y Perú que albergan entre 60 y 70 por ciento de las especies de flora y fauna del planeta, calculada en más de 10 millones de especies.

La diversidad de México representa aproximadamente 12 por ciento del total mundial. Ocupa el quinto lugar mundial en plantas vasculares, cuenta con 23 mil 522 especies y se estima que el número podría acercarse a 31 mil. Además, tiene el primer lugar en la variedad de frijoles silvestres, con 52 especies. 

La perdida paulatina de la biodiversidad en México
En contraste, de las cinco mil 430 especies de vertebrados identificadas en el país, 9.6 por ciento se encuentra amenazada; 5.0 por ciento está en peligro de extinción y 15.4 por ciento está bajo protección especial. 
  
Además advirtió que si se mantiene la actual tasa anual de deforestación en México (calculada entre 1.0 y 2.5 por ciento), para 2050 se perderá entre 40 y 50 por ciento de la superficie de manglar del país.


Sobreacumulación y crisis de las ciudades mexicanas
El paradójico crecimiento incontrolado de las ciudades mexicanas dentro del contexto histórico nacional de desindustrialización, descampesinización, privatización de las infraestructuras y recursos naturales estratégicos, sólo se explica cuando se tiene en cuenta la forma en que el neoliberalismo se estructuró a nivel mundial, como una huida histórica a la caída tendencial de las tasas de ganancia, mediante la aplicación desbocada de todo tipo de contrarestos (elevación de la tasa de explotación del plusvalor, sobrexplotación, abaratamiento del capital constante, sobrepoblación, expanción del mercado mundial y crecimiento del captal accionario). Esta aplicación propició un proceso de sobreacumulación permanente de excedentes y riquezas materiales nunca antes visto en los grandes capitales de América del Norte, China y otras regiones claves del Hemsiferio Norte.
Esta producción y acumulación inédita de riquezas ha conducido a todo el mundo a la saturación de todas las posibilidades de mantener en pie los procesos de “valorización del valor” y de apropiación de ganancias que garantizan las tasas previamente establecidas. Por dicho motivo, durante las últimas dos décadas se ha observado una intensa búsqueda de nuevos espacios de inversión, al desarrollar nuevas tenologías, ampliar la división del trabajo, expandir los territorios geográficos de la acumulación, ampliar las formas del consumo, y manipular el cuerpo de la naturaleza y de las personas, etc.
Una parte sustantiva de esta huida hacia adelante es la sobreacumulación de capitales que buscan desahogarse mediante la construcción de todo tipo de infraestructuras globales (redes de carreteras, electroinformáticas, de fibra óptica, redes hídricas, eléctricas, petroleras, etc.), la integración mundial de grandes industrias tradicionales (automotriz, aviación, construcción, química y petroquímica, etc.), las llamadas tecnologías de punta (electroinformática, ingeniería genética, ingeniería de materiales, nanotecnología, nuevas medicinas y geoingenierías), así como el establecimiento de nuevas formas globales de producción agropecuaria y forestal (de alimentos y forrajes transgénicos, agrocombustibles, todo tipo de plantaciones, etc.)
Como la captación de excedentes mundiales durante las dos últimas décadas alcanza los ritmos de crecimiento más altos de todos los tiempos y como todas estas industrias y capitales concentran sus obras, infraestructuras y mercados en los principales centros urbanos del mundo, que no son sino los principales nodos de las redes de la articulación global, el crecimiento de las ciudades se convierte en uno de los principales canales de desahogo o, si se prefiere, en un espejo crucial de la sobreacumulación estructural del neoliberalismo.
Por ello, aunque México pierde su soberanía energética, alimentaira, demográfica, militar, ambiental; aunque la masa de desempleados y miserables crece exponencialmente; aunque la destrución ambiental del país llega a niveles nunca vistos; los más poderosos capitales transnacionales del mundo realizan jugosos negocios en México, mientras los más importantes y deformes capitales mexicanos también se consolidan y especializan durante este periodo como unos de los principales rematadores globales de las poderosas empresas públicas nacionales (del petróleo, la electricidad, el agua, las carreteras, etc.), como los principales vendedores mundiales de llamadas telefónicas (TELMEX) o como los grandes usufructuarios anuales de 22 mil millones de dólares, principal flujo mundial de remesas de los trabajadores asalariados. Ambos negocios, consecuencia directa de habernos convertido en los principales vendedores mundiales de la soberanía demográfica.
México, hay que reconocerlo, hizo un esfuerzo tremendo por convertirse en el principal vendedor mundial de la industria maquiladora. Si bien este esfuerzo por colocarnos en la cima de la superexplotación mundial fue derrocado, como ya dijimos más arriba, por la aplastante competencia china que se desató con su ingreso en la OMC. Esta derrota no desanimó a la burguesía mexicana, pues en realidad logró también vender con mucho éxito la soberanía ambiental del país. Al manipular implacablemente todas nuestras legislaciones ambientales ha logrado convertir nuestra nación en uno de los lugares más atractivos del mundo para todos los capitales que requieran producir y comercializar productos sin tener que cumplir con las engorrosas restricciones ambientales. En concordancia con lo antrerior, México también logró recortar al máximo las leyes y reglamentos que protegen el cuerpo y la salud de los consumidores. De manera que esta otra entrega de nuestra soberanía como consumidores, no sólo reforzó la entrega de la soberanía sobre nuestros recursos estratégicos (energía, agua, biodiversidad, territorio, etc.), sino que además hizo de México un paraíso para la expansión urabana de los principales capitales comerciales del mundo.
Por ello, bajo las condiciones extraordinarias del libre comercio y el crecimiento urbano descontrolado se facilitó de modo natural el desarrollo extraordinario de algunas industrias nacionales como el cemento (CEMEX), la venta de refrescos azucarados, aguas embotelladas y cervezas (FEMSA, Modelo, etc.), de alimentos tradicionales mexicanos muy degradados (MASECA), la venta elevada de bienes suntuarios y electrodomésticos (ELECTRA, Liverpool, Palacio de Hierro), la venta de programas de televisión (Televisa y TV Azteca), etc. Mientras otras partes importantes del capital nacional sencillamente se refugiaron en la especulación inmobiliaria o bien al interior de la economía informal o criminal.
La concentración de riqueza en las grandes ciudades globales de México responde entonces a la sobreacumulación global y a la integración electroinformática e intermodal de campos, industrias y servicios; a la exportación masiva y a la adicción consumista a las mercancías procedentes del Norte (Wal-Mart, Cosco, Carrefour, etc.); al uso indiscriminado de insumos químicos y transgénicos en la agricultura, la ganadería, la silvicultura o la acuacultura. Pero también responde a la privatización y desnacionalización exhaustiva de las infraestructuras, los recursos naturales y los servicios públicos.